Agencia CHE

No es el bastón, es la política

Por Omar López

La Cámpora Salió a traducir a Cristina por su frase “sobre el bastón no te hace presidente”. La política no es una niña con la inocencia perdida, y la vicepresidenta maneja como nadie el mensaje y los tiempos tácticos.  

La idea central que sale al encuentro del punto de crisis queda en el exilio, cuando se bracea por recuperar una justicia ausente y rescatar el derecho de la mayoría. Esa intención sufre todo tipo de operaciones; en estos días supimos del lobby de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, y el Instituto para el Desarrollo Empresarial (IDEA), para que la Corte Suprema presida el Consejo de la Magistratura y así mantener la impunidad a favor del poder real.

En ese marco, la alianza de gobierno se muestra descosida de ideas que movilicen la intervención de fondo sobre el adversario principal, analistas políticos, de un extremo a otro ponen la mira en lo secundario.

La neurótica ficción política arrebata la comprensión de la cruel vivencia de las mayorías, mientras los fusilados por los aumentos/tarifas/inflación siguen siendo pateados en el piso.

El gobierno sigue inerte y no suelta su lógica de sostener un diálogo con el poder económico decidido a desmembrar cada intervención del Estado.

El tren de la discusión política descarrila y deja a pie la comprensión de para qué y contra quién se discute. Vale aclarar, para ser precisos y justos que esta frase no abarca a todos. El mal llamado cristinismo; esa virtud heterogénea de fuerzas con cualidades y gran esfuerzo por actualizar su mirada sobre texto y contexto, hace tiempo que aclara por dónde debe pasar la lucha de contrarios ante el principal enemigo de la democracia y sus complejas alianzas para sepultar todo estado de derecho en beneficio del poder económico. Con virtudes y defectos no existen dobles discursos o contradicciones flagrantes. La cuestión anda por cómo salvar diferencias y comenzar a recuperar la iniciativa parando la paliza que viene por todo mecanismo político cultural de la derecha.

La semana más intensa sobre la discusión de una irrefrenable inflación, las imposiciones del FMI, la buena idea de ir a buscar los fondos de quienes nos endeudaron y se la fugaron para pagar de deuda externa, entre más temas de rigor, quedó invisible frente a la frase de la vice presidenta Cristina Fernández sobre que el bastón no te hace presidente. Algunos analistas, de cada lado de la cancha política, se ocuparon de esto; “el cristinismo saliendo a explicar a Cristina”, que el presidente piensa en cambiar pañales antes que ministros…y la discusión precisa, que clarifica y es urgente, queda bajo los ocres colores de negación.

Es cierto que Cristina Kirchner eleva el tono y la intensidad analítica-política sobre el presente del gobierno del Frente de Todos y es una necesidad imperiosa, tanto como entender los procesos que constituyeron esta alianza gobernante y que incluye la elección del candidato a presidente, Alberto Fernández. Nada sencillo en el parto de una crisis política sin precedente en nuestra fuerza nacional y popular. Una cuestión es la lógica de una unidad llena de zapos para desplazar a una derecha vende patria y con un capitalismo en crisis y la otra es la crisis del capitalismo a partir de la pandemia y la compleja y criminal disputa geopolítica a partir de la guerra Rusia – Ucrania – Otan – la inteligencia mediática abastecida por medio millar de generales de los grupos multimillonarios de inversión que manejan el mundo.  

En este laberinto y volviendo a Cristina hay que decir que ofreció otras ideas más valiosas que la imagen del bastón simbólico de mando.

Dijo en la décimocuarta sesión plenaria de EuroLat, reunida en el CCK, que “las desigualdades no nacen por un orden natural e ineluctable. Las desigualdades no son un producto de la naturaleza, son un producto de decisiones políticas o de falta de decisiones políticas. Ojo que no tomar decisiones políticas también lo es”.

“Todos nuestros estados están construidos sobre la famosa división tripartita ¿no? de Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y Poder Judicial que viene de la Revolución francesa de 1789. Y de ahí data la organización institucional que tenemos”.

“En aquel momento el Estado representado por los tres poderes era el poder, no nos olvidemos que el Ancien Regime, que caía con la revolución francesa, se organizaba en torno a la monarquía, la nobleza, el clero y el ejército. Cuando cae, cuando el pueblo, cuando la burguesía naciente llega a la Asamblea popular, era la totalidad del poder en ese momento. “

“Hoy nuestros Parlamentos, nuestros ejecutivos, nuestro poder judicial, tantas veces cooptado por el mercado y los factores económicos, además ¿no? ¿Cuánto, cuánto representa del poder, tomado en un 100%? Hablamos de poder cuando alguien toma, adopta una decisión y esa decisión se puede aplicar y es respetada por el conjunto de la sociedad, eso es el poder. Que te pongan una banda y te den el bastón un poquito es pero no todo el poder, créanme, créanme, créanme, lo digo por experiencia… Ni te cuento si además no se hacen las cosas que hay que hacer… pero bueno, dejémoslo ahí”.

“Hoy nuestras Constituciones son un reglamento de cómo tiene que funcionar el Ejecutivo, cómo tiene que funcionar el Legislativo y eventualmente el Judicial. Sobre todo, el otro poder que está afuera: mercados, monopolios, oligopolios, poder financiero internacional, nada de eso figura en nuestras Constituciones”.

Su exposición completa –que publicamos en esta web de Mate amargo – ofrece un ensanche de ideas precisas sobre la encrucijada democrática.

Pasado, presente y persistencia de un campo de concentración de las ideas del neoliberalismo para someter en términos culturales, políticos, económicos, el sistema de justicia.

Existe una riqueza política; herramientas para pensar y movilizar, aunque no sintoniza con la precaria cruzada por la razón en el seno del frente de gobierno.

La fortaleza de cruzar ideas y defender su destino en un diálogo abierto es una apuesta de recuperación democrática y nutre, siempre, la construcción del poder popular.

El poder real del mercado dialoga con su fuerza golpista, con su desprecio a la vida y al pueblo. Ese diálogo debe tener clara frontera, un límite y ser expuesto sus intereses y los mecanismos que aplican para secuestrar la verdadera intención de su saqueo perpetuo.

Quién crea que la crisis política que se vuelca sobre la alianza del FdT es patrimonio de Alberto y Cristina está lejos del centro del problema. Habitan muchos proyectos y ambiciones que privilegian no romper con el poder real, una red de intereses y operaciones con bases en viejos privilegios que utilizan una pertenencia popular que hace década traicionaron.

La cuestión del ser o no ser no termina en el 2023, y reclama otra construcción capaz de desarmar al enemigo principal y armar la inteligencia popular, que por cierto solo dispone de un tiempo para sobrevivir ante el escaso margen que tiene para sobrevivir en el día a día.

olopez

Más de 35 años en la comunicación nacional y popular Una propuesta audiovisual en formato de radio y de tele (Mateve/YouTube) Construcción de ideas alternativas en el campo de la batalla cultural Ejercicio de comunicación plural de frente a la unidad en la diversidad Idea y conducción, Omar López. Suscribite a Mate amargo