Viaje al infierno
Por Omar López *
Un pozo se traga al bondi que arrastra sus patas de viejo elefante entre el barro y la mierda desbordada con la última tormenta. El fercho bufa y rumbea a la estación esquivando precipicios. Los mosquitos nos traen dengue.
En la esquina sube un cuerpo cansado, frágil, inestable, asoma un bastón despintado, el hombre le habla al oído al chofer, el morocho lo mira, baja la cabeza y le dice que pase. En estos barrios la sube hace rato que bajo del estribo y se viaja como se puede.
Llegamos y la mayoría bajan, el comedor tiene la puerta abierta, hay olor a guiso, el estómago late más que el corazón. Los pasajeros entran y van con su taper, la cacerolita, lo que se pueda para cargar una porción. Hay mesas con tablones de obra forrados con diarios amarillos, algunos viejitos sentaditos en el fondo y los pendejos del rincón de risas sin diente devoran un pan. Los adultos comen despacito; arroz, papa, verduritas y zanahoria que donan cada tanto los hermanitos bolivianos de las huertas del fondo.
Hay silencio, alguna lágrima y las vecinas de la cola para llevarse el taper cambian chimentos. La comida se reparte en una segunda porción más chiquita, bendecida con solidaridad y coraje de esas madres de la Patria solidaria. Llegan los últimos y les explican que se acabó, no hay más, no alcanzó. El Silencio espantoso se los traga. Cómo dibujar esos rostros, los labios mordidos, los ojos muertos de tristeza, las tripas que crujen y el hambre duele, es un dolor terrible que dobla las piernas, que destornilla las tripas, que calienta la cabeza, que te deja tembloroso y te acelera el corazón. Las mujeres militantes de la vida gobiernan en la oscuridad de este país de muertos vivos, y gobernas criminales, vende patria…esas mujeres, buscan, raspan, los fondos de olla, juntan unos huevos, el agua hirviendo recibe los últimos flacos fideos, cuatro papa pa repartir y un caldito bendito. Los último se sientan, mientras esperan el plato mastican la tristeza infinita.
Carmen, todas son Carmen, Eva, todas son Eva, mujeres invencibles que deberían gobernar el ministerio contra el hambre, pide paciencia, que algo van a inventar también mañana, y las mañanas que vengan.
Y otras doñas militantes sin saberlo traen levadura, harina, agua tibia y reparan la masa, y hay que dejar que eleve. Primero 20 minutos, después más harina, remover, y otra vez dejar que eleve…y los ojos que esperan se hacen profundos, sin lágrimas, porque ya no queda que llorar. Al final, del horno sale pan caliente, pan que se hace rodaja, y que se reparte para callar la tripa. Parece nada y sin embargo es una batalla humana, una revolución arrinconada, porque la cuestión es no dejarse morir.
Hay 48 mil comedores comunitarios en todo el país, administrados por el Estado Popular de las Evas, las guerrilleras de los ranchitos momedores, las madres compañeras de los desamparados que se juntan y ayudan, y nos enseñan a desparramar amor y a no rendirse nunca.
Se nota la desocupación galopante, la barriada está tensionada, los más jóvenes se rajan de la escuela, se cascotean, buscan cargarse lo ajeno y comprar algo que tragar, a veces, merca. La bronca y tristeza van de la mano y los domingos ya no hay humo de carne al carbón, no se escucha música. El silencio hace ruido sangra.
El bondi destartalado vuelve al barrio. La madre abraza a la hija atacada por mosquitos, las cabezas miran el suelo oxidado. En ese suelo hay imágenes, la de cada cual con su mambo.
Ahora llueve sin piedad, el bondi ya no puede seguir, nosotros tampoco, pero la Carmen se alza en el fondo con sus pechos enormes, se pasa la mano negra de carbón por la pelumbre enrulada y nos grita, a caminar juntos carajo, que hay que seguir, juntos, ayuden al otro a bajar.
Ayudando a los más jodidos, y empezamos la caminata, bajo el agua, siguiendo un paragua solitario al frente de la columna. Y yo pensando en comer una mila que no tengo, imaginando que éramos una columna libertaria, de seres amorosos de solidaridad, de patriotas dispuestos a combatir la miseria.
La noche muere con el día y nosotros volvemos mañana.
- escrito y narrado por Omar López en Mate amargo, Domingos a las 14,00 AM 530 Somos Radio.
