Agencia CHE

La nueva versión de la vieja esclavitud laboral

La reforma que impulsa el gobierno remite a un trágico pasado de exterminio de los derechos de la clase trabajadora y de su organización para representar sus derechos constitucionales. Existe un anclaje en las más oscuras experiencias autoritarias de las clases dominantes y con antecedentes en el terrorismo de estado. La junta que tiene las riendas del gobierno necesita profundizar el control social sabiendo que más temprano que tarde se nacionalizará la protesta y la movilización de los trabajadores arrasados día a día por una crisis socio económica que avanza velozmente al precipicio.

Por Omar López

En este presente que la derecha remata la soberanía nacional y lotea las empresas estratégicas, la autosuficiente industria Nuclear, nuestros enclaves geopolíticos y avanza en medio de una crisis económica y social galopante con una reforma laboral que nos lleva a los tiempos de la esclavitud en el fondo de la historia.

En estos días, los directivos del Ingenio tucumano Ledesma reclamaron al gobierno más reforma laboral.

Muchos no tienen conocimiento que hace 50 años, terrorismo de estado mediante, los trabajadores del Ingenio Ledesma, en Jujuy sufrían el asalto criminal de la patronal y la represión de los militares con secuestros y asesinatos.

Se estima hubo unas 400 personas secuestradas, de las cuales 55 aún continúan desaparecidas, durante la dictadura militar. El propietario del ingenio era Carlos Pedro Blaquier, murió impune sin condena judicial a los 95 años.

Fue procesado, acusado de haber prestado camionetas de su empresa a las fuerzas de seguridad en 1976 para la detención ilegal de personas, y de haber cortado la energía eléctrica en la llamada «Noche del Apagón», durante la dictadura.

Los trabajadores eran engañados por personas contratadas por la empresa, los “enganchadores”, que les fiaban productos en tiendas y bares para endeudarlos y, de esta manera, obligarlos a ir a trabajar en los ingenios en época de zafra, donde eran explotados y discriminados por cuestiones raciales. Los traslados de trabajadores hacia los ingenios se daban en situaciones deplorables, ya que viajaban hacinados en vagones de tren como si fueran animales. Una vez llegados al ingenio la situación era similar: jornadas laborales de 12 a 15 horas diarias, una gran cantidad de trabajo infantil y de mujeres (en similares condiciones que los hombres), gran parte del pago se realizaba a través de vales que únicamente se podían canjear en las despensas del ingenio. El salario se cobraba al finalizar la zafra, luego de descontar las deudas contraídas y los gastos realizados.

Hoy la ultraderecha gobernante y sus diversas versiones fascistas aspiran a regresar a esos tiempos con una reforma laboral que cierra toda autodefensa del trabajador con condiciones de servidumbre y explotación. Argentina tiene una historia de avanzada en materia laboral y esta derecha necesita su demolición, arrancando derechos, aspirando a fracturar todo mecanismos de organización y sustento jurídico, es otro terrorismo, anclado en una modernidad discursiva violenta y de servidumbre a la producción de más riqueza a los pocos grupos multimillonarios parte del comando que disputa el control social en la disputa del poder económico real.

olopez

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