Argentina

De carne somos

Por Guillermo Morano

La Sociedad rural queda en los anales de la clase conservadora, identificada con José Alfredo Martínez de Hoz y su modelo económico  amparado por el terrorismo de Estado con treinta mil desaparecidos en 1976. También con su abuelo, fundador de la sociedad ruralista, quitando la tierra a nuestro pueblo originario, cazándolos en sus tierras, asesinato mediante; los sicarios traían orejas y cabezas de los legítimos dueños de la tierra, para poder cobrar su recompensa.

La Mesa de Enlace integrada por Confederaciones Rurales Argentinas, Federación Agraria, la Sociedad Rural y Coninagro, renuevan el viejo repertorio «del campo», aunque se trata de saqueo al pueblo argentino. Triunfadores de una batalla parcial de la lucha de clases, envalentonados con la impunidad opositora y mediática; el golpismo a diario del poder económico real y el epicentro de una fuerza destituyente que resume los intereses trasnacionales y del arco conservador que no admite la discusión del aparato distributivo y menos la intervención del estado sobre los viejos baluartes de las clases dominantes. La carne, sus grandes negocios de exportación, su asalto al pueblo consumidor en el mercado interno. No es solo su naturaleza, es su mecanismo de demolición del gobierno, su odio, el cinismo bestial que los impulsa.

No importa la montaña de muertos por Covid-19. No interesa el dolor, la pobreza, la enfermedad, menos la solidaridad. El capitalismo funcionan sustrayendo, explotando, matando derechos, garantías, sosteniendo lo falso como verdadero en su escala de valores sangrientos. La historia está secuestrada por estas clases dominantes e impacta en la educación, se aplana finalmente desde el calzador mediático para que la sociedad se transporte sobre la vereda de la individualidad, en el consumo de tanta tenencia de falsa pertenencia y superfluas. Capital mata filosofía, la vida no vale, pertenecer cotiza en el derecho bíblico del mercado. Apuestan sabiendo de las debilidades de gobierno, que se enfoquen en la decisión de no confrontarlos, de negociar con el FMI, el G 20 y el Club de París, y buscar la solución a las urgencias (desesperantes) del pueblo. No es dato políticamente menor; proyecta el escenario y las consecuencias en una guerra de posiciones de intereses que cada día será más cruenta. La cuestión abarca lo estratégico de un capitalismo tan potente, como diverso y criminal. Se proyecta más allá de una elección de medio término, es una guerra de posiciones que definen el rumbo de la Patria en la puerta de un nuevo mundo y fronteras geopolíticas. El contexto político mundial, pandemia, y disputa por el control de las alianzas planetarias, por el poder global. La cuestión de la soberanía, que no ponen en discusión las grandes potencias, tiene un porte ideológico inamovible. Los derechos soberanos de vacunarse, no morir en la espera de una dosis, la soberanía del pueblo movilizado por su necesidad y el derecho postergado. Soberanía en disputa y la necesidad de reconstruir la lógica por la razón: es un acto soberano dar de comer antes que la deuda que nos impuso la derecha y paga el pueblo. El peso de semejante desigualdad en la emergencia tiene consecuencia política.

Ventajas, desventajas de la lucha política y cultural. La derecha en su diversidad sostiene su lógica inamovible; su ganancia vandálica, la impunidad de sus recursos, el criminal funcionamiento de su gobernanza económica. El frente popular lucha por saldar visiones y contradicciones mientras sale al campo de batalla de una ficción democrática con valores alterados por el sistema que gobierna el capitalismo. En el quehacer frente a tantas asignaturas culturales/políticas asistimos a esfuerzos enormes por recuperar la herramienta política del Estado; el gobierno de la Provincia de Buenos Aires, territorio definitivo de la acumulación de fuerzas entre el bien y el mal en la Argentina, es una experiencia única en este capítulo de nuestra historia. La nacionalización o continuidad de la privatización de la Hidrovía Paraná – Paraguay es un claro ejemplo. Por ese curso navegable pasa el 90 por ciento de los negocios, el contrabando y el tráfico mafioso de los grandes exportadores que controlan la economía. Los puertos y las cargas están bajo un Estado paralelo y su poder de extracción de la riqueza equivale a la deuda externa.

La escolta mediática enmascara sus razones y los posiciona como únicos protagonistas de peso, desconociendo la diáspora del centro derecha y presentando su fuerza sectorial como la vanguardia que fijaron las urnas.

Para colmo el progresismo se ocupa más de conservar una acumulación parcial en lo electoral y castigar al gobierno por sus errores y debilidades sin fijar la mira en la derecha económica y política que construye una versión separatista sin medias tintas.

La prensa seria e independiente amparada en la golpista Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) no publica las más prestigiosas investigaciones que exponen que una devaluación acompañada por la quita de las retenciones subirán las exportaciones de todos los productos camperos. También coinciden los economistas que no responden a las trasnacionales, que este cuadro abre un proceso inflacionario de los artículos del diario vivir. Imaginen cuanto más dramático si no hay controles de precios.

La mesa conservadora se arroga una representación agropecuaria pero están lejos de los 120 mil productores menores y de otros 230 mil productores específicos del agro que se dedican a la provisión de alimentos y materias primas para el consumo interno y externo. También abría que sumar 130 mil establecimientos avícolas del norte y oeste argentino que producen para el autoconsumo. La Federación Agraria que nació luchando contra la explotación de la oligarquía es parte del nuevo separatismo mesero; su titular Busi seguro olvidó aquella máxima que compartía en tiempos de militancia comunista; “Donde hay libertad para hacer lo que se quiere no hay Estado”. Lo escribió en 1918 Vladimir Illich Lenin.

olopez

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