Agencia CHE

Un conurbano de luna llena

Por Omar López

Relatos del conductor de Mate margo por AM 530 cada domingo a las 14:00

El 20 de julio de 1969 la misión Apolo 11 alunizaba en el Mar de la Tranquilidad. Más de 600 millones de personas siguieron la transmisión en vivo. En nuestra casa bonaerense, en Ituzaingo lo vimos en silencio por la tele en blanco y negro. Neil Armstrong se convirtió en el primer ser humano en pisar la luna; el tipo dejó una frase trascendente; “Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad”, que hoy el desquiciado de Donald Trump y sus socios de la industria armamentista está desapareciendo a bombazos.

Volviendo a esa noche invernal del 20 de julio del 69, no había nubes y la luna alumbraba nuestra calle de tierra pisoteada por las vacas, caballos y las huellas de aquella camioneta Rastrojera, gaucha y bien argentina de mi viejo.

Miraba las estrellas y la luna, y recuerdo que le dije a Guillermo, mi papá, que no se veía nada allá arriba. Él sonrió, se fue al patio y regresó con la escalera. Me tomó en sus brazos de gladiador y subimos al techo, luego al tanque de agua y dijo que estábamos más cerca. Yo con mis seis años miraba esa luna tan inalcanzable, buscaba entre sus manchas grises algún movimiento, alguna silueta de esos astronautas. Mi padre me abrazaba y sintonizaba la portátil Tonomac, radio con onda corta y escuchamos las voces entrecortadas de aquellos navegantes. El frío nos obligó a bajar, pero antes Guillermo levantó su brazo al cielo, yo lo imite presintiendo que allá arriba alguien nos veía.

Atesoro ese instante de nuestras vidas, la fantasía desbordando esa noche de mi infancia.  

Mucho después puse en duda aquel alunizaje de la Apolo 11 aunque esa noche, arriba del techo de casa y más cerca de las estrellas, mi padre me enseñó a creer en las utopías. El mismo Guillermo que en sus últimos instantes de agonía en aquella cama de la sala 86 del Hospital Español deliraba con sus enfrentamientos armados con los fachos de Villa Urquiza y su miedo con su hijo aquella noche del golpe de 1976 volanteamos en la entrada de editorial Codex, en el viejo barrio de Boedo.

La luna siguió lejos iluminando las luchas del porvenir que siempre es ahora, como este tiempo a contramano de locos y criminales que nos hunden en la miseria.

Mi padre esa noche dio su pequeño paso del hombre que enseñó a su hijo a creer en la humanidad, a soñar su libertad, a forjarnos en la lucha para no rendirnos jamás.

olopez

Más de 35 años en la comunicación nacional y popular Una propuesta audiovisual en formato de radio y de tele (Mateve/YouTube) Construcción de ideas alternativas en el campo de la batalla cultural Ejercicio de comunicación plural de frente a la unidad en la diversidad Idea y conducción, Omar López. Suscribite a Mate amargo

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