Música: Todavía está bueno…

Por Diego Petrecolla

Nada nuevo

Si se revisan las grillas de los festivales folklóricos, de rock o electrónicos más conocidos del país,seguramenteseguramentese encontrarán más figuritas repetidas que artistas nuevos. Los precios de las entradas son exorbitantes y de las decenas de bandas que se presentan nos gustarán una o dos. Ya sólo las bandas más populares del planeta llenan River solo con su público, y las de cabotaje, encuentran en este nuevo formato de festival su mayor salida laboral: recitales cortos, no más de cuarenta minutos por banda, reservando más tiempo para las bandas principales.

Pero estos mega festivales no son nada nuevo: las grandes marcas toman formatos nacidos de la contracultura como los legendarios Woodstock e Isla de Wight de los 60’s y 70’s y los convierte en propios. Los cubren de slogans gancheros, carteles publicitarios hasta en los cestos de basura, cambia los puestos de venta de marihuana y ácido lisérgico por stands con promotoras esbeltas de telefonía celular o bebidas energizantes.

Mediante la programación de presentaciones de lo más heterogéneas, los organizadores se aseguran un lleno completo e increíblemente logran que se pague una entrada que puede rondar los trescientos pesos para ver una o dos bandas de las decenas que tocan, es difícil ser fanático, por ejemplo, de The Offspring y Jesús & Mary Chain a la vez como en la última edición del Personal Fest. Una mezcla sin dudas particular, si además se tiene en cuenta que antes de los Offspring tocaba Spiritualized. El criterio era claro: llenemos el lugar, no importa a quien le canta cada banda.

Otras formas

Esta nota podría continuar con muchos párrafos de crítica hacia estos mega festivales, sus bandas, su público, los precios, los organizadores, el sonido… pero la idea es otra: mostrar que todavía hay cosas que valen la pena sin que eso implique que atraigan a cientos de miles.

Es que por suerte en la ciudad de Buenos Aires todavía hay gente que se encargó de cubrir esta franja de intereses que no son considerados mercado. Más de un publicista se sorprendería.

Hay una suerte de movimiento de PYMES del espectáculo, personas que se dedican a la organización y difusión de bandas sin mucha rotación en los medios masivos, armando ciclos de propuestas concretas sin más interés que el de lograr un buen momento. Porque casi nadie puede hacer de esto su profesión, aunque muchas veces demande más esfuerzo y otorgue más satisfacciones que el trabajo remunerado.

Pulenta

El Festipulenta es un caso paradigmático. Bajo el lema “Para que el mundo sea un lugar mas pulenta” Desde el casi oculto Centro Cultural Zaguán Sur en el barrio del Once llegó a copar con más de mil personas el Salón Irreal en el centro de la ciudad, sin cambiar en ningún momento el horizonte inicial. Nicolás Lantos, uno de sus mentores explica: “La idea del Festipulenta surgió una noche que fuimos a La Plata con quien entonces era un amigo y colega y ahora es mi compañero en esta movida, Juan Manuel Strassburguer, a ver a los “107 faunos”, “El mató a un policía Motorizado” y “Sr. Tomate”. Charlando en el viaje apareció la idea de hacer una movida que rescatara a las buenas bandas nuevas que hablan de y hacia esta generación, sin impostaciones, y haciendo una búsqueda artística . Además hacerlo de tal forma que no hubiera que abrirse de gambas ante los códigos que se manejan en el ambiente con respecto a que una banda tiene que pagar para tocar, el sonido suele ser malo, los dueños de los lugares se cagan en todo… básicamente eso es lo que resume el contexto de Pulenta

El momento más alto del festival fue su edición De Luxe que tuvo lugar a fines del año pasado en el mencionado Salón Irreal. Esa fecha logró un verdadero cónclave “under”, donde en el mismo escenario se presentaron bandas como “El Mató”, “Dchampions”, “Compañero Asma”, “La Patrulla Espacial”, “Prietto Viaja al Cosmos con Mariano”… Un millar de personas se agolparon en el lugar para terminar de darle a la organización las dimensiones de éxito total, algo que Lantos mide en varios niveles. “Éxito también es que todos los que vinieron a tocar al festi se fueron contentos y quieren volver, que siempre pudimos juntar unos mangos para pagarles a las bandas, algo que debería ser regla y no excepción y sobre todo haber podido demostrar que se puede hacer un festival apostando al rock emergente, hacerlo bien y que funcione en todos los sentidos”

Los dueños de “La Castorera”(*)

Hace ya varios años que las bandas “Pommez” y “Dietrich” hicieron del Centro Cultural Castorera su base de operaciones. Desde ahí dirigen una movida que busca descontracturar un poco el formato de recital mediante ciclos que explotan distintos conceptos. Ambas bandas siguen una línea de post-rock instrumental, los Pommez son más climáticos, colgados y espaciales, mientras que Dietrich no para un segundo, a mil revoluciones por minuto, se destacan por sus temas enérgicos siempre al borde del descarrilamiento distorsionado.

 Pommez.70 segundos antes del knock out . Foto NeyaEl año pasado, el ciclo 70 Segundos antes del Knock Out sorprendió con una propuesta novedosa: Las bandas tocaban un tema cada una en escenarios enfrentados el uno al otro, a veces haciendo pequeñas intervenciones en las canciones de la otra. Esto estaba lejos de ser una de las famosas Battle of Bands. Aquí no había competencia ni premio de por medio, solo una audiencia que se paraba entre ambos intérpretes, presa de esta ingeniosa forma de que dos shows se conviertan en uno. El ciclo volverá en algún momento de este año. 70 segundos antes del knock out era una suerte de performance en dos partes. Una primera donde el público es ingresado a un espacio de exposiciones y artes plásticas rotativas según la fecha. Luego una segunda parte, con dos escenarios enfrentados en los que el público era sometido a un recital conjunto. Las dos propuestas musicales intercambiaban secciones o temas, dando resultado un recital conformado por dos partes. Para nosotros fue una experiencia muy interesante desde lo artístico, pero por las dimensiones se torno  agotadora. Hubo mucha gente que coordinar en un espacio muy breve de tiempo. Nos gustaría hacerlo nuevamente, cuando sea el momento justo, y cuando consideremos que nuestra música puede ser potenciada por ese esfuerzo colectivo. De todas formas, no repetiríamos el formato empaquetado, sino que pensaríamos una nueva elaboración del evento.” Explica Juan Martín Ibarlucia de Pommez.

El lado oscuro

Claro que semejante preparación no está exenta de problemas, y en eso se traduce una de las principales dificultades de organizar ciclos: encontrar el lugar adecuado y lograr que de alguna manera, la cuenta a la madrugada cuando ya no queda nadie en el lugar no siempre de menos de cero.

Las dificultades son bastantes y en general, giran alrededor de causas económicas, que pueda redituar algo para todos los involucrados en él. Creo que la falta de lugares de mediana capacidad conspira con el asunto. Los lugares de capacidad limitada, que son los que más abundan en Capital, no permiten apostar – no por falta de ganas sino por incapacidad material- a una estructura de difusión y producción que permita mayor convocatoria y por lo tanto, una devolución económica justa.”

La historia es conocida: es cada vez menos frecuente el antiguo pacto en el que el lugar dejaba tocar a las bandas haciéndose la noche con las ventas de la barra. La tragedia de Cromañón hizo que los precios de los lugares que conseguían las nuevas habilitaciones para que toquen bandas aumentaran sideralmente, sumado esto a los continuos hostigamientos y aprietes de la policía. Por ejemplo, el alquiler de un conocido lugar en Barracas con capacidad para 70 personas es de 350 pesos. El precio estaría cubierto si se lograra llenar el lugar y que cada uno de los que asisten pague 5 pesos. Pero el tema se pone más complicado si consideramos que el promedio de bandas que tocan en un ciclo de rock emergente es de tres, y cada una de ellas tiene como mínimo cuatro integrantes que cargaron instrumentos, amplificadores y repartieron volantes toda la semana para que el lugar esté lleno. Entonces la cosa es mucho más difícil. ¿Subsidios para el arte y la cultura? Ni hablar

En el caso de los ciclos como los de Pommez y Dietrich, el problema es más agudo. El gran despliegue escénico que hacen para transformar el escenario de La Castorera significa un gran esfuerzo a la hora del transporte y montaje, decenas de tubos de luces, cajas y escaleras se transportan, ni hablar del caso del ciclo 70 segundos, en el que literalmente había que armar dos escenarios paralelos, cada uno con su sistema de sonido propio.  “En nuestro caso, se trata de eventos de enorme esfuerzo de producción y escenografía. El resultado es que casi todos los que estamos en esto trabajamos o bien ad honorem, o bien con un sueldo simbólico para el esfuerzo realizado”

Formar parte

Afortunadamente en este tipo de eventos aparece el público como colaborador, en muchos casos facilitando autos o fuerza a la hora del montaje y transporte. Gente con hambre de ver algo distinto y que comprende la necesidad de que la creación de una verdadera escena independiente no puede ser algo vertical, donde hay un organizador y un público pasivo/consumidor cuyo único trabajo es el de pagar entrada y aplaudir al final de cada tema. La escena independiente no tiene que cometer el error de repetir el formato que utiliza el mundo comercial, su objetivo debería ser el de lograr un espacio aparte, que se rija por sus propias reglas y que tenga un funcionamiento distinto: donde el que no es músico pueda ser parte de la organización, mediante difusión o ayuda en donde sea necesario. Recuperar ciertas experiencias exitosas del pasado, donde con la simbiosis de un público fiel y de un lugar con un concepto claro y distinto se lograron cosas memorables: La Cueva, la legendaria movida de Madchester en Inglaterra, La cofradía de la flor solar, el Parakultural de los 80’s … Hay razones para ser optimistas, ciclos y festivales actuales como el Turdera Fest valen la pena verse. También la excelente movida platense, donde bandas como “La Patrulla Espacial”, “Shaman y los hombres en llamas” copan el Centro Cultural Favero dejando tras de sí un show mas memorable que el otro, el público siempre quiere volver y el circulo se completa. Todavía hay gente que se esfuerza para que Buenos Aires siga estando bueno, La Plata también. ¡Hey! Andá a verlos.

(*)En los primeros días de del mes de Julio 2010, la Castorera cerró sus puertas. ¿ Se habrán negado a coimear ?

Fotos Neya Ottonello

www.myspace.com/pommezmusica

www.myspace.com/dietrichbuenosaires

www.festipulenta.blogspot.com

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3 Respuesta a "Música: Todavía está bueno…"

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